“Señor y Dios mío, ¡mi única esperanza!

Ante ti está mi firmeza y mi debilidad:

¡sana esta, conserva aquella!

 Ante ti está mi ciencia y mi ignorancia:

si me abres, recibe al que entra;

si me cierras el postigo, abre al que llama.

 ¡Haz que me acuerde de ti,

te comprenda y te ame!”

 

S Agustín, La Trinidad XV,28,51