Sin tener que ser necesariamente milagrosos los signos de una vocación, cuando Dios quiere hacer sentir a alguien su voluntad concreta, su llamada a una vocación particular, le hace experimentar dentro de sí  efectos que, como dice santa Teresa de Jesús, todas las demás verdades dependen de esta verdad, como todos los demás amores, de este amor.

Si uno se aproxima al querer de Dios, siente atracción, si se aparta de lo que está siendo su llamada, entra el dasosiego.