Jesús, nacido en Belén, fue forzado a huir y a migrar. Hoy él está presente en cada migrante y en cada refugiado: es también Él quien toca con insistencia a la puerta de nuestras sociedades llamadas cristianas, o por lo menos de cultura cristiana. El Niño Jesús nos muestra el camino que puede conducir a un futuro de paz, es decir, de acogida, de diálogo y de apertura mutua, que nos pueda enriquecer recíprocamente.

Dios, que ha acompañado a su pueblo en el éxodo, acompaña ahora a los migrantes y a los refugiados en su búsqueda de protección y de libertad. El mensaje de la Navidad nos invita a abrir nuestros corazones y nuestras casas a nuestros hermanos y hermanas que se encuentran lejos de su país, ofreciéndoles cercanía y solidaridad. El mensaje de la Navidad nos invita a no rechazar jamás a ninguno por miedo o por odio.

El Salvador, que se hizo uno de nosotros, ¡ilumine el camino de los que son forzados a migrar y nos haga gozosos contemplando su rostro en los hermanos y hermanas que sufren, lloran y desean una vida más humana! ¡Feliz Navidad!

Roma, 12, Diciembre, 2018