Las raíces de la presencia franciscana en Tierra Santa se remontan al encuentro histórico de San Francisco -«hombre de paz y artífice de la reconciliación»- con el Sultán Abdel El Kamel, en 1219, en Egipto. Fruto de ello son las recomendaciones que da a sus frailes en la Primera Regla del 1223: los hermanos que van entre los musulmanes no hagan peleas ni disputas y estén al servicio de todos. Los franciscanos a lo largo de casi 8 siglos hemos vivido en medio de los musulmanes en un clima de respeto mutuo y en coexistencia pacífica. Por eso, y a pesar de las dificultades, se ganaron el respeto de los musulmanes y de la población en general.

En nuestras escuelas franciscanas en Tierra Santa el alumnado musulmán representa un 40% del total del alumnado. Hay algunas escuelas, por ejemplo la del “Hortus Conclusus”, cerca de Belén, que tiene el 100% de musulmanes, o la de Jericó que se acerca al 90%.

Un siglo de convivencia entre cristianos y musulmanes en las escuelas de los franciscanos nos lleva a hacer una primera constatación: es posible una convivencia real entre cristianos y musulmanes. Según el testimonio de los alumnos que han convivido juntos en las escuelas, ponen de manifiesto, que se crea no sólo una convivencia real y un respeto mutuo, sino que es normal la amistad entre alumnos cristianos y musulmanes. La religión no es, en este caso, un motivo de separación. Al contrario: la  convivencia se prolonga también en la universidad. De hecho, los estudiantes que han convivido juntos en las escuelas cristianas, siguen siendo respetuosos y tolerantes en la universidad; los musulmanes que no han vivido con los cristianos, en general no están abiertos a la tolerancia y al diálogo con ellos. Se lo decía Juan Pablo II a los laicos reunidos en Beirut, el 30 de mayo de 1997: «Compartir el trabajo, habitar en los mismos barrios, vivir una solidaridad sencilla y sincera: son aspectos, de la vida común que pueden, sin lugar a dudas, reforzar el conocimiento recíproco, la amistad, la comprensión mutua y el respeto de la libertad de conciencia y de religión».