Allí en la primera infancia, entre lloros y balbuceos, es donde por primera vez experimentamos lo que es la confianza; allí fuimos admitidos y admirados, abrazados y largamente besados y acogidos tal como somos. El padre y la madre, la seguridad y la ternura, hicieron posible el milagro y el nido de la confianza. Hogar, dulce hogar, suelo y ensueño de la confianza.

Francisco de Asís experimentó eso también de otra forma: el hogar del Padre Dios que el Bien, todo Bien, que es seguridad y es confianza y es paz. El Padre del cielo que nos acoge como somos y nos abraza y hace fiesta. La confianza es, ciertamente, proceso humano, pero es también gracia de Dios. Cuando te falla todo, todavía siempre te queda EL.

(Joxe M. Arregui OF; Rev Arantzazu , febrero 2018)