El occidental contemporáneo no entiende que los cristianos de Oriente Medio, la India o África sigan tomándose tan en serio su religión. Piensa en el fondo que los problemas de discriminación religiosa se solucionarían mejor con la receta que propuso Marx en La cuestión judía: mediante la desaparición de todas las religiones. ¿Por qué pagar un precio tan alto por mantener unas creencias anticuadas e irracionales?

En realidad, nos incomodan con su fidelidad. Son un reproche mudo contra la forma de vida que hemos escogido donde todo se concilia y nada es suficientemente valioso como para dar la vida por ello.  “(El justo) Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar, y su sola presencia nos resulta insoportable. Porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes” (Sabiduría, 2, 11-15).

(Fco Javier Bergara, Ofm; Revista Arantzazu, Julio 2020)