Nunca aparece con mayor esplendor la gloria de Dios que cuando toma la forma de amor abajado, compartiendo nuestra humanidad y fragilidad, recibiendo y acogiendo nuestra carne débil y limitada. “Por nosotros nació”, por nosotros se hizo niño y pobre, por nosotros se hizo el último. Ante Jesucristo pobre y abajado, Francisco comprendió que Dios le quería por el camino de la minoridad y de la pequeñez. Sólo siendo pequeño y menor, se puede acoger gozosamente la abundancia de quien siendo sobremanera rico escogió la pobreza, para enriquecernos con su plenitud. Sólo quien se reconoce limitado y débil puede descubrirse envuelto por la luz de la gloria de Dios. ¡Cuánto asombro y alabanza nacen en Francisco ante este Niño, tan débil pero tan radiante de la ternura de Dios!