Cuarenta años después de su martirio en Zimbabwe , la Congregación para la Causa de los Santos ha aceptado abrir el proceso de beatificación de  John Bradburne, Terciario Franciscano.

Nacido en 1921 en Skirwith, (Inglaterra) hijo de pastor anglicano, en su constante afán de búsqueda viajó a la India y con el estallido de la Segunda Guerra Mundial  se alistó como voluntario en el ejército inglés.

Acabada la guerra, volvió a su país y tras convivir con los benedictinos de Buckfast Abbey,  se convirtió al catolicismo, bautizándose en 1947.

Vivió un sin fin de experiencias, propias de su carácter aventurero y austero; un naufragio, un mes aislado en la selva o un año entero en un pequeño pueblo de Italia tocando el órgano como principal ocupación.

«¿Hay alguna cueva en África donde pueda rezar?»

En 1962 Bradburne escribió al padre John Dove SJ, un amigo ex-militar, que vivía en Zimbabwe. “¿Hay alguna cueva en África donde pueda rezar?”, le preguntaba en su carta. El padre Dove le propuso ser misionero con él allí, en la leprosería de Mutemwa.

Al llegar allí, ese mismo año, Bradburne le confesó a un sacerdote franciscano sus tres deseos: ayudar a los leprosos, morir mártir y ser enterrado con el hábito franciscano. En 1969 entró en la Tercera Orden Franciscana Seglar y en la leprosería hacía todo tipo de actividades: lavaba a los leprosos, espantaba a las ratas y otros animales… También construyó una pequeña iglesia y enseñó latín a los habitantes de Mutemwa para que pudieran seguir los cantos y la misa. Todo ello viviendo en una cabaña metálica prefabricada en la que llevaba una vida de ermitaño.

Con el estallido de la guerra, Bradburne se negó a huir y manifestó su compromiso total con los enfermos a los que atendía. Eso le acabó costando la vida el 5 de septiembre de 1979, cuando un grupo violento, cercano a Robert Mugabe, le secuestró y asesinó, acusándole de espía. Fue enterrado con el hábito franciscano allí junto a los que tanto amó.