Nunca olvidemos que el ejemplo de san Francisco fue una vida de continua conversión. Cuando joven sentía repulsión por los leprosos, pero un acto de misericordia cambió su corazón y “lo que le parecía amargo se le cambió en dulzura” (Test 3). Ese momento marcó el comienzo de la vida de penitencia de Francisco, y está estrechamente ligado a la experiencia de Francisco en Damieta en el 1219. El corazón de Francisco ya había sido abierto por los leprosos anteriormente y, cuando se encontró en la presencia de un musulmán a quien había aprendido a odiar, se abrió una vez más. El llamamiento bíblico a la conversión  resuena en el repetido mandato del Corán de volver a Dios, de cambiar el mal con la bondad y con actos de caridad para con los más vulnerables de la sociedad. Los creyentes hoy – respetando la diversidad con la que invocan a Dios y lo honran – están llamados al mismo valor y apertura recíproca de corazón.

En medio de los gemidos del mundo por la comprensión interreligiosa, que nuestro humilde, paciente y misericordioso Dios nos muestre a todos los gestos y las palabras que más le agradan al Señor Dios.

Paz y todo bien,

Fr. Michael A. Perry, OFM Ministro general y Siervo

Roma, 7 de enero de 2019.