El hermano predicador no ocupa ningún rango de privilegio den­tro de la fraternidad. Lo nuestro es la igualdad y la desapropiación. Ha de estar dispuesto en cualquier momento a dejar su oficio. No es más el que predica que el que calla, el que rige una parroquia que el que cuida la limpieza de la casa. Por eso procuramos que la formación no propicie diferencia de clases y que los oficios circulen, como signo de solidaridad fraterna, y que los cargos sean por tiempo limitado, a fin de evitar la tentación del poder.