Había caído la noche de Navidad. Francisco actuó de diácono para oficiar en la Misa. Llegado el momento, anunció con voz sonora la “Buena Noticia” del Nacimiento del Señor. Después se aproximó al pueblo y situándose entre el pesebre y los fieles comenzó a hablar. Parecía que iba a estallar en llanto. Repetía muchas veces: ¡Amor…Dios hombre!…Más tarde pronunciaba palabras sueltas: Infancia…, Pobreza…, Paz…, Salvación…, Humildad…Jesús… Este era el nombre que más repetía como si sus labios se untaran de miel, y paladeaba como quien regusta el dulce que se le ha pegado en los labios.