“Aconsejo, amonesto y exhorto a mis hermanos en el Señor Jesucristo, a que cuando van por el mundo no litiguen… ni juzguen a otros, sino sean apacibles, pacíficos, mansos y humildes” (2R 3,10-11). Francisco no nos quiere por el mundo como jueces, sino como menores, sencillos, últimos. Quien juzga se sitúa por encima del otro, deja de ser hermano. Francisco no nos piensa para poner juicio y condena, sino paz; no como inquisidores, sino como hermanos pacíficos. No juzgar; y podremos ser hermanos y menores.

“Y, si mil veces volviera a pecar ante tus ojos, ámalo más que a mí, para atraerlo al Señor; y ten siempre misericordia de los tales” (CtaM 11; cf. 1R 11,5-10). En vez de juzgar, amar; en vez de condenar, tener misericordia. Aunque peque mil veces; aunque parezca que no se consigue nada; aunque se tenga toda la razón del mundo. En vez de juzgar, amar; porque el amor es más fuerte que el juicio, da más vida, atrae más al corazón misericordioso del Padre.

“Y guárdense todos los hermanos de turbarse o airarse por el pecado del otro… ya que no necesitan médico los sanos, sino los enfermos” (1R 5,7-8). El que se equivoca más que jueces necesita médicos, y más que acusadores, hermanos. Como Francisco.

(Carta de Asís 43 en www.asissarea.org / cartas)