En estos días que están siendo muy duros uno se pregunta; ¿Qué posos dejará esta experiencia? ¿Qué me dice de mí mismo, de los otros, de la vida y del Evangelio lo vivido en estos tiempos de confinamiento?

San Francisco en esta situación nos vuelve a lo fundamental: a la pobreza del corazón y a la fidelidad del Señor como los caminos seguros y ciertos para vivir los tiempos “de sol, de nublado y de todo tiempo”.

San Francisco nos recuerda que nuestro camino es el de Cristo pobre y crucificado y lo que Cristo vivió en la cruz;

  • confianza y abandono en el Padre Dios vivido en el ahora;
  • un Dios que es amor y lo que salva la vida es el amor;
  • la libertad de la fidelidad a un amor único;
  • Jesús desde la cruz nos vuelve al misterio de Dios. El Dios que no se puede dominar, con el que no se puede comercializar, ni manejar. El coronavirus, estos tiempos, no son un castigo divino. Un Dios crucificado por amor puede ser acaso un dios vengador?…

Hay que volver la mirada a la cruz y a lo que en ella ocurre y esto es lo franciscano.