El fundamento de la existencia de Francisco fue una relación, un amor, la per­sona de Jesucristo y también una palabra, el evangelio escuchado y seguido.

¿No es una relación lo mejor que puede pasarnos en la vida? Y ¿no comienza toda relación con una palabra? Jesús y el evangelio; una rela­ción y una palabra, he ahí el secreto de Francisco.

Mirando detenidamente llama la atención cómo Francisco  fue, por encima de todo, un hombre cogido por una relación: «Mi Dios y mi Todo», ena­morado de una persona, Jesucristo pobre y humillado y El fue su fundamento, su gozo, su seguridad y su futuro. Y de ahí arranca to­do el resto de su apasionante historia.