CONVIERTETE… Crece, asume lo difícil que viene como parte en este momento de la vida. Ama… Aprende a mirar un poco más allá del horizonte habitual, para no quedar atrapado en jaulas de oro, y atrévete a soñar en un mundo mejor. Acepta que, para todo lo anterior, no eres tú el que está en el control, sino Dios quien, dentro de ti, alienta esa conversión.

“Y CREE EN EL EVANGELIO”. A veces ni sé en lo que creo. Es fácil creer en la imagen, la belleza,  el éxito, … Pero no basta.
Creer en el Evangelio es negar que el dolor tenga la última palabra. Arriesgarme a pensar que no estamos definitivamente solos.
Saltar al vacío en vida, de por vida, y afrontar cada jornada sabiendo que el  Señor está en ella.
Avanzar a través de la duda. Atesorar, sin mérito ni garantía, alguna certidumbre frágil.
Sonreír en la hora sombría. Porque el Amor habla a su modo, bendiciendo a los malditos, acariciando intocables y desclavando de las cruces a los bienaventurados.

Y esto no es fácil.

 “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.” (Mc 8,35)