No debemos cansarnos nunca de proclamar con nuestra boca y testimoniar con nuestra vida que Jesucristo ¡Está vivo! y que con su resurrección venció la muerte; debemos anunciar que la muerte, el odio y el miedo no tienen la última palabra, es la vida del Resucitado la palabra definitiva sobre la historia de la humanidad y sobre nuestra propia historia; debemos gritar que “las tinieblas no vencieron la luz” (Cf Jn 1,5), esa luz de Pascua que resplandece cada noche e irradia al inicio del día que no conoce ocaso. ¡Dios nunca abandonará a aquellos que ha creado y destinado a la vida, al amor y a la esperanza! El mundo, la Iglesia y nuestra fraternidad necesitan escuchar este mensaje: nosotros somos portadores de esta buena nueva, ofrezcamos a todos, con generosidad la buena noticia que brota de la Pascua.
¡Feliz y santa Pascua a todos!