Un hombre se había perdido en una excursión al desierto y se arrastraba desde hacía dos días sobre la arena abrasadora. Había llegado ya al extremo de sus fuerzas. De pronto, vio ante él a un vendedor de corbatas. No llevaba nada más; sólo corbatas que trató de venderle  a este hombre que se moría de sed. 

Con la lengua trabada y la garganta seca, el hombre lo trató de loco: ¿quién pretende vender una corbata al que se está muriendo de sed? El mercader se encogió de hombros y continuó su camino por el desierto.

Unos pocos kilómetros más adelante, este viajero que moría de sed, levantó la mirada y quedó pasmado: había llegado a la puerta de un restaurante lujoso para turistas del desierto. Un restaurante de lujo en medio del desierto para satisfacer el viaje del turista. Nuestro hombre abrió con  gran esfuerzo la puerta y a punto de desmayarse, gimió: “¡Deme de beber, por favor”!. “Lo lamento, señor –respondió el amable portero- aquí no puede entrar sin corbata.

La locura de aprender a confiar como clave de acceso a la realidad profunda (el restaurante). Aceptando la paradoja y dejándonos  introducir en ella es como entramos en relación con Él, que siempre es más… Buscamos en la vida una cosa y Dios a menudo nos ofrece otra, que en realidad es justamente lo que necesitamos.