Hablar del África subsahariana entre nosotros fácilmente nos evoca a las ya habituales y trágicas imágenes de la llegada de cayucos a nuestras costas en busca de aquello que la vida les ha privado. A menudo no es justo el sabor de boca que queda de tan repetidas noticias e imágenes, llegando a creer que conocemos lo que en realidad supone un misterio.

            El término África subsahariana es utilizado para describir a los países del continente africano ubicados al sur del desierto del Sahara y esta es una realidad humana y geográfica muy compleja y extensa: hablamos de veintiséis millones de kilómetros cuadrados, con cientos de etnias diferentes, con más de diez mil lenguas pertenecientes a cuatro grandes familias y visiones religiosas muy diferentes que van desde el animismo, al islán o al cristianismo.

La sociedad rural del África subsahariana tiene como base la familia, que comprende todos los descendientes de un ancestro. La familia puede llegar a ser muy numerosa y convertirse en un clan. La alianza de varios clanes forma la tribu. La autoridad es ejercida por el descendiente más anciano del ancestro, que para tomar decisiones importantes consulta al consejo, formado por personas de experiencia.

El poblado puede estar formado por una o varias familias. El tipo de casa también está en función de la actividad principal de los habitantes. Aquellos que se dedican a la pesca o a la agricultura, construyen poblados más estables y emplean materiales más consistentes que aquellos que se dedican al pastoreo itinerante o a la caza.

La mayoría de las religiones tradicionales africanas cree en la existencia de un dios creador que en el pasado vivió entre los hombres, a quienes abandonó en un momento dado. Además, existen en la naturaleza otros dioses o fuerzas espirituales que están en contacto con los hombres, y pueden influirles de forma positiva o negativa.

A diferencia de otras culturas, los africanos otorgan mucha más importancia a sus antepasados que a esos dioses de la naturaleza. El antepasado puede actuar como intermediario entre los vivos y los dioses. Para convertirse en antepasado después de morir, una persona debe llevar una vida digna, y tener descendencia. Cuantos más hijos tenga una persona, más venerada será.

La Orden Franciscana está presente a través de tres entidades: La “Viceprovincia de San Benito el Africano” que abarca el extenso territorio de la República Democrática del Congo; La Provincia “Nuestra Señora Reina de la Paz” cuyo territorio abarca a la República Sudafricana, y finalmente la “Viceprovincia de San Francisco” que comprende once países ( Mozambique, Zimbabwe, Guinea-Bissau, Togo, Costa de Marfil, Benín, Zambia, Congo-Brazzaville, República Centroafricana, Angola y Somalia).

La mayor presencia de los hijos de San Francisco en la actualidad está en la República Democrática del Congo donde hay diecisiete fraternidades con 179 hermanos, de los cuales sólo 8 son extranjeros. De ellos, 57 son profesos solemnes y 64 profesos temporales. También hay aquí un buen grupo de novicios y de postulantes. Además de atender a la formación, los hermanos se dedican principalmente a parroquias, a la predicación de retiros, a la educación, al mundo sanitario y a  actividades manuales de formación (carpintería, construcción, agricultura…). La Viceprovincia tiene también a su cargo una Misión en la vecina República Centroafricana.

La  Provincia “Nuestra Señora Reina de la Paz” cuenta actualmente con 98 hermanos, de los cuales unos cuarenta son sudafricanos aunque la mayoría en las etapas iniciales de su formación. La Provincia tiene además la responsabilidad de numerosas parroquias rurales y urbanas. Los hermanos participan en la dirección de una casa de ejercicios, en un centro de educación, en un centro de rehabilitación de drogadictos y en un hospital para enfermos de SIDA. Han fundado un Instituto Franciscano, para difundir la espiritualidad franciscana. En este período posterior a la segregación racial, pero marcado por la violencia y la criminalidad, los hermanos trabajan a favor de la pacificación, la reconciliación y la promoción de la libertad y de los derechos humanos.

La “Viceprovincia de San Francisco” surgió en parte por el deseo de marcar el VIII centenario del nacimiento de San Francisco con el deseo de renovar y reforzar la presencia de la Orden en África y Madagascar. Su objetivo consiste en estar presentes en África de un modo nuevo en base a los valores franciscanos de la contemplación, la itinerancia y el servicio humilde.  Cuenta con 111 hermanos, de los cuales 65 son africanos. Destacan como servicios el ministerio pastoral en sus diferentes formas, parroquias, formación de laicos, catequesis, tanto en ambiente rural como en urbano, sobre todo en zonas pobres y necesitadas, así como actividades sociales, médicas, educativas y encuentros de oración.

Para los que desde esta parte del mundo percibimos esta rica y compleja realidad, quizás nos toque aprender a  respetar y valorar en el rostro subsahariano de los que llegan a nuestras calles, a ese otro número de hermanos que trabajan cada día y sueñan con un África, y en definitiva con un mundo, más lleno de Paz y de Bien.