En la vida llega la hora en que cuestionamos la tarea y la entrega en la que estamos por los demás. Ahora ya no encuentro dónde apoyarme para continuar con lo que venía haciendo;  han desaparecido los fondos donde se apoyaba la entrega: los proyectos se han vuelto castillos en el aire, lo que al comienzo parecía generosidad se ha comprobado que era más interés por nuevas experiencias, las personas ayudadas no alcanzan las condiciones que se deseaban para ellas…

Ahora ya no es sólo necesario un tiempo para descansar, rearmarse de nuevo y renovar los motivos para la vuelta a la entrega. Unos pasan página y dan por finalizado este tiempo en su vida. Otros encuentran nuevos motivos profundizando en lo que les llevó a la entrega.

Quizá el apoyo para la entrega no esté en uno mismo, ni en el trabajo que realizo, ni en los ideales que motivaron en otros tiempos, sino en que sólo dándose a favor de los demás, en la forma que sea, vamos respondiendo al amor que mantiene toda nuestra vida. Dios es quien sostiene la obra.

Concédenos la humildad y sencillez de corazón

necesaria para sabernos llenar de tu amor y confianza.

Transforma nuestro corazón egoísta y reticente

en un corazón generoso y abierto a la gratitud

 (Cfr Carta de Asís 151)