Cristo resucitado, enséñanos tus llagas,

que curen nuestras dudas y enciendan nuestras almas.

Pedro y Juan, que corristeis con todas vuestras ansias,

¿qué visteis en la tumba, que estaba tan sellada?

Vimos vacío inmenso, las losas ya quebradas,

la muerte convertida en la dama del alba.

Despojos encontrados, el sudario y la sábana

fueron reliquias, signos de victorias anunciadas.

Lo vimos en el lago, peces en abundancia,

un pan de Eucaristía, gran amor en el alma.

“¿Me quieres más?”. “Te quiero con todas mis entrañas.

En eso del querer él es quien siempre gana.