“Queridos jóvenes:
Quisiera decir a todos insistentemente: abrid vuestro corazón a Dios, dejaos sorprender por Cristo.
La felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho a saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Decid con María nuestro “sí” al Dios que quiere entregarse a vosotros.
Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada –absolutamente nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande”. (Benedicto XVI)