La perla  nace del dolor. Nace cuando una ostra es herida por un cuerpo extraño y ella comienza a producir una sustancia (la madreperla) con la cual lo recubre para proteger el pro­pio cuerpo indefenso. Al final se habrá formado una hermosa perla, brillante y preciosa. Si no es herida, la ostra no podrá nunca producir perlas, porque la perla es una herida cicatrizada.

¿Cuántas heridas llevamos dentro? Límites, debilidades, pecados, incapacida­des, inadaptaciones, fragilidades… Son nuestra posibilidad, es nuestra llamada a la conversión.