«Queremos ver a Jesús», pidieron unos griegos a Felipe (Jn 12, 21). Tantos hombres y mujeres nos formulan hoy la misma petición. Ayudadnos, a ejemplo de Clara, a «reflejar» lo que contemplamos e irradiarlo al mundo, a mostrar ese icono viviente construido en nuestra interioridad por las manos de Dios y que se expresa en la unidad armoniosa vivida en la vida de cada día.

«Lo único que podemos salvar en estos tiempos… es un trocito de Ti en nosotros mismos, Dios mío. Y quizás podemos también contribuir a desenterrarte de los corazones desolados y a abrirte camino» (Etty Hillesum).

Sí, es muy importante salvar y liberar la imagen de Dios presente en nosotros para poder ofrecerla a los otros, liberada de nosotros mismos, de un yo egocéntrico e invasor que, olvidando la presencia de Dios, se pierde en mil preocupaciones y afanes. Debemos «proteger a Dios de nosotros mismos» en un mundo tan dividido, fraccionado y extraviado que necesita el testimonio de nuestras relaciones fraternas como «teofanía», manifestación amorosa de la presencia de Dios.

(Fray Giacomo Bini, Ofm; Roma, 11, 08, 2002, Fiesta de Santa Clara)