- ¿Quién es usted?, le preguntó su acompañante espiritual en el primer encuentro.
- Soy periodista, contestó.
- Esa es su profesión. Dígame quién es usted.
- Bueno, ya ve, soy una persona.
- Tanto que eso ya veo.
- Gracias…
- Sí, pero, ¿quién es usted?
- Luis … me llamo Luis
- No le he preguntado por su nombre, le pregunto: ¿quién es usted?, volvió a insistir.
- Soy el esposo de Adela.
- No le he preguntado por su situación civil, le he preguntado ¿quién es usted?.
- Oiga, la verdad es que no tengo ni idea quién soy.
- Ahora vamos bien. Usted no sabe quién es, porque no ha buscado en su interior la íntima respuesta a esa pregunta; ¿quién soy yo?.
- Pues no, he tenido mucho trabajo en esta vida y muchas responsabilidades para poder dedicarme a esas cuestiones…
- No se excuse. No hay culpables. Millones de personas mueren si haberse conocido jamás, y resulta muy triste una vida acompañado por un desconocido.
- Una tragedia