Hay personas que nos maravillan por su capacidad de acumular mucha información en multitud de campos del saber: ciencia, cultura, historia… Saben mucho!. Hay otras personas que son sabias en la relación; son empáticas!.

Cuando decimos de alguien que es sabio, no nos estamos refiriendo a la acumulación de datos y saberes ni a la empatía, sino esa lucidez adquirida en la experiencia personal que nos sitúa en nuestra verdad. Esta sabiduría no nos coloca por encima ni por debajo de los demás, sino que nos pone en nuestro sitio en medio de la realidad. Es un tipo de sabiduría que requiere humildad.

Y hay otra sabiduría que se alcanza ante la presencia de Dios. Es la persona que se sabe criatura. Más que una especie de logro o algo que se alcanza, es una especie de revelación, un regalo. Ante el descubrimiento de la presencia de Dios, uno mismo se ve, al mismo tiempo, como la mayor maravilla de la naturaleza por el amor que recibe y como la más pequeña de las criaturas, porque todo es regalo, don, sin ningún mérito. (Cfr. Cta Asís 146)