(…) La fuerza renovadora que necesitáis viene del Espíritu de Dios, de esa «santa operación» (2Regla 10:8) que es el signo inequívoco de su acción. Ese Espíritu, que transformó la amargura del encuentro de Francisco con los leprosos en dulzura del alma y del cuerpo, sigue actuando hoy para dar nueva frescura y energía a cada uno de vosotros, si os dejáis interpelar por los últimos de nuestro tiempo. Os animo a salir al encuentro de los hombres y mujeres que sufren en el cuerpo y en el alma, a ofrecer vuestra presencia humilde y fraterna, sin grandes discursos, pero haciendo sentir vuestra cercanía de hermanos menores. A salir al encuentro de una creación herida, nuestra casa común, que sufre de una explotación distorsionada de los bienes de la tierra para el enriquecimiento de unos pocos, mientras se crean condiciones de miseria para muchos. A ir como hombres de diálogo, buscando construir puentes en lugar de muros, ofreciendo el don de la fraternidad y la amistad social en un mundo que lucha por encontrar el rumbo de un proyecto común. A ir como hombres de paz y de reconciliación, invitando a la conversión del corazón a los que siembran el odio, la división y la violencia, y ofreciendo a las víctimas la esperanza que viene de la verdad, la justicia y el perdón. De estos encuentros, recibiréis un impulso para vivir el Evangelio cada vez más plenamente, según la palabra que es vuestro camino: «La regla y vida de los Hermanos Menores es ésta, a saber, guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo,» (2 Regla1,1).

Roma, San Juan de Letrán, 15 de julio de 2021. El Papa Francisco al Capítulo General de la Orden de Frailes Menores