“Y, si mil veces volviera a pecar ante tus ojos, ámalo más que a mí, para atraerlo al Señor; y ten siempre misericordia de los tales” (CtaM 11; cf. 1R 11,5-10). En vez de juzgar, amar; en vez de condenar, tener misericordia. Aunque peque mil veces; aunque parezca que no se consigue nada; aunque se tenga toda la razón del mundo. En vez de juzgar, amar; porque el amor es más fuerte que el juicio, da más vida, atrae más al corazón misericordioso del Padre.
“Y guárdense todos los hermanos de turbarse o airarse por el pecado del otro… ya que no necesitan médico los sanos, sino los enfermos” (1R 5,7-8). El que se equivoca más que jueces necesita médicos, y más que acusadores, hermanos. Como Francisco.
(Carta de Asís 43 en www.asissarea.org / cartas)