¡Vivir el Evangelio!. Esta es nuestra gran misión, la misión de todos y cada uno de nosotros: laicos o religiosos, en una edad u otra, del norte o del sur…la misión es atrevernos a vivir el Evangelio. Con audacia y sencillez en este mundo nuestro en el que Dios nos ha concedido vivir.

Hemos sido llamados a vivir esta dimensión misionera, a dejarlo todo para seguir a Cristo “pobre y crucificado” y, a ponernos en camino por el mundo, “sin llevar nada”.

La vocación y la misión son inseparables. Evangelizamos con la vida: dejándonos convertir antes de convertir a los otros; compartiendo lo que somos y tenemos antes que enseñando; encontrándonos con el otro con cortesía y delicadeza, antes que organizando y poniendo el corazón en las estructuras. “Los hermanos, como seguidores de Jesucristo (…) vayan ‘con gozo y alegría’ por el mundo como siervos y sometidos a todos, pacíficos y humildes de corazón”(CCGG64).

Y sobre todo “Señor, concédenos la gracias de hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada” (S. Francisco).

Esta es nuestra misión y nuestro descanso!.