Todo creyente lo es ante todo porque, en un encuentro de tú a tú con el Señor, ha escuchado una llamada totalmente personal (Ven y sígueme) y ha entendido su vida como respuesta al Señor. Por ello, toda vivencia cristiana es vocacional. Cada historia creyente es la historia de una vocación, de una relación, de una llamada y una respuesta de amor. Los modos en que se concretiza esta llamada y ese envío son plurales, pero lo importante es la relación de amor con El. Y tú; ¿qué buscas?